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lunes, 24 de agosto de 2009

Autoregalo

Un arcón lleno de ilusiones....
el amor y la compañía de los que caminan a mi lado de cerca y de lejos
los sueños y las utopías que me mantienen viva
la belleza y felicidad que me brindan los descubrimientos cotidianos.
Podría seguir agregando pero está es mi lista de imprescindibles.
he dicho.
ah...y por si alguno se pregunta a colación de que cosa el video....porque me gusta y porque me voy cantando ..."Si no hay amor que no haya nada entonces, alma mía. No vas a regatear!"

martes, 7 de julio de 2009

La imaginación al poder!!!

A falta de Roberto Galán bienvenido Haruki Murakami!

domingo, 8 de marzo de 2009

Un Sol

Mi corazón es como un dios sin lengua,
Mudo se está a la espera del milagro,
He amado mucho, todo amor fue magro,
Que todo amor lo conocí con mengua.

He amado hasta llorar, hasta morirme.
Amé hasta odiar, amé hasta la locura,
Pero yo espero algún amor natura
Capaz de renovarme y redimirme.

Amor que fructifique mi desierto
Y me haga brotar ramas sensitivas,
Soy una selva de raíces vivas,
Sólo el follaje suele estarse muerto.

¿En dónde está quien mi deseo alienta?
¿Me empobreció a sus ojos el ramaje?
Vulgar estorbo, pálido follaje
Distinto al tronco fiel que lo alimenta.

¿En dónde está el espíritu sombrío
De cuya opacidad brote la llama?
Ah, si mis mundos con su amor inflama
Yo seré incontenible como un río.

¿En dónde está el que con su amor me envuelva?
Ha de traer su gran verdad sabida...
Hielo y más hielo recogí en la vida:
Yo necesito un sol que me disuelva.

Alfonsina Storni


Bueno los intelectuales que discutan si este día es para celebrar o no yo simplemente elegí este collage de poesía y pinturas porque embellecen mi vida
No tengo conflictos, vivo orgullosa del género al que pertenezco.
Afortunadamente no necesito Activia ni tampoco peleo con mis congéneres el las liquidaciones del Alto Palermo .

jueves, 10 de julio de 2008

Amigos...

Cada vez que nos encontramos y discutimos, cada vez que no nos encontramos, me pierdo, me da miedo, nunca estuve en lugares tan dolorosos, igual casi siempre que me pierdo, encuentro algo nuevo, pero no significa que sea algo bueno, como sucede cada martes, jueves y sábado; verte y extrañarte, extrañarte sin verte y pensar cuantos sábados, jueves y martes serán necesarios perderme del todo y no encontrarte más; para entender que solo eran mis ilusiones y para vos no fue nada, solo un truco de nuestra mente, cuando podré regresar sin necesitar estos nuevos "amigos" que me hacen funcionar a pilas pero me dejan sin batería en momentos inesperados.
"Te dí un hijo y vos no lo quisiste
Es lo más que tengo para darte
Te dí una casa y no la frecuentaste
Ahora dónde se supone que voy a vivir
Te dí un árbol y no lo abrazaste
Te dí una pesadilla y no la perseguiste
Te daría un sueño pero no harías otra cosa que despertarte
Ahora nunca voy a volver a dormir
Te daría un tesoro pero no harías otra cosa que robar de él
Mirá el agujero donde antes hubieron joyas
Nena, oh nena, por qué tenés que escaparte
De este amor que alguna vez llamamos amigo
Te dí mi cuerpo y comiste hasta saciarte
Te dí diez vidas y malgastaste veinte
Ahora estoy parado vacío, desamparado y desnudo
Sin una migaja más de mí para dar
Y vos, vos te desvaneciste en el aire
Este aire en el que tengo que vivir"
"I gave you " de Gary Oldham y Matt Sweeney, para atardeceres fríos acompañados de bourbon...


domingo, 20 de enero de 2008

La balada de la masturbadora solitaria.

"Al final del asunto siempre es la muerte.
Ella es mi taller. Ojo resbaladizo,
fuera de la tribu de mí misma mi aliento
te echa en falta. Espanto
a los que están presentes. Estoy saciada.
De noche, sola, me caso con la cama.
Dedo a dedo, ahora es mía.
No está tan lejos. Es mi encuentro.
La taño como a una campana. Me detengo
en la glorieta donde solías montarla.
Me hiciste tuya sobre el edredón floreado.
De noche, sola, me caso con la cama.
Toma, por ejemplo, esta noche, amor mío,
en la que cada pareja mezcla
con un revolcón conjunto, debajo, arriba,
el abundante par en espuma y pluma,
hincándose y empujando, cabeza contra cabeza.
De noche, sola, me caso con la cama.
De esta forma escapo de mi cuerpo,
un milagro molesto, ¿Podría poner
en exhibición el mercado de los sueños?
Me despliego. Crucifico.
Mi pequeña ciruela, la llamabas.
De noche, sola, me caso con la cama.
Entonces llegó mi rival de ojos oscuros.
La dama acuática, irguiéndose en la playa,
un piano en la yema de los dedos, vergüenza
en los labios y una voz de flauta.Entretanto,
yo pasé a ser la escoba usada.
De noche, sola, me caso con la cama.
Ella te agarró como una mujer agarra
un vestido de saldo de un estante
y yo me rompí como se rompe una piedra.
Te devuelvo tus libros y tu caña de pescar.
El periódico de hoy dice que se han casado.
De noche, sola, me caso con la cama.
Muchachos y muchachas son uno esta noche.
Se desabotonan blusas. Se bajan cremalleras.
Se quitan zapatos. Apagan la luz.
Las brillantes criaturas están llenas de mentiras.
Se comen mutuamente. Están más que saciadas.
De noche, sola, me caso con la cama".
Dear Anne Sexton.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Pequeñas memorias


Hace unos días veía a Cristina sentada al lado de este hombre maravilloso y me quedé pensando; más vale envidiando ese encuentro, más allá que su figura se vista con el Premio Nobel de literatura 1998, de haber sido distinguido hijo predilecto de Andalucía y tantísimas distinciones, este hombre que hoy llega a sus hermosos 84, lo admiro por su pesimismo lúcido y realista, por sus brillantes metáforas, pero por sobretodo porque sueña lindo y nos contagia a todos los que lo leemos y disfrutamos de la humanidad que le imprime a sus letras.

Hoy elijo parte de "Pequeñas memorias" para compartir; un libro corto, simple, en comparación con otros de los suyos, eso sí con gran contenido de sentimientos, vida y amor.Esta parte justo es triste, pero me fascina la vivacidad del relato y a veces cuando estoy mal, me hace de talismán pienso en ella y mi tristeza desaparece, la verdad no sé porque, será que no conocí a mis abuelos, que se lo regalé a mi amor de recuerdo por nuestro tiempo compartido y que yo guardo el gemelo adquirido en el mismo acto, no importa , aquí está lo que digo....

"Caía la lluvia, el viento zarandeaba los árboles deshojados, y de tiempos pasados viene una imagen, la de un hombre alto y delgado, viejo, ahora que está más cerca, por un camino inundado. Trae un cayado al hombro, un gabán embarrado y antiguo, y por él se deslizan todas las aguas del cielo. Delante de él vienen los cerdos, con la cabeza baja, rozando el suelo con el hocico. El hombre que así se aproxima, difuso entre las cuerdas de la lluvia, es mi abuelo. Viene cansado el viejo. Arrastra consigo setenta años de vida difícil, de privaciones, de ignorancia. Y no obstante es un sabio, callado que sólo abre la boca para decir lo indispensable. Habla tan poco que todos nos callamos para oírlo cuando el rostro se le enciende algo así como un de aviso. Tiene una manera extraña de mirar a lo lejos, incluso siendo ese lejos la pared de enfrente. Su cara parece haber sido tallada con una azuela, fija aunque expresiva, y los ojos, pequeños y agudos, brillan de vez en cuando como si algo que estuviera pensando hubiera sido definitivamente comprendido. Es un hombre como tantos otros en esta tierra, en este mundo, tal vez un Einstein aplastado bajo una montaña de imposibles, un filósofo, un gran escritor analfabeto. Algo que no podrá ser nunca. Recuerdo aquellas noches templadas de verano, cuando dormíamos debajo de la higuera grande, lo oigo hablar de la vida que tuvo, del Camino de Santiago que resplandece sobre nuestras cabezas, del ganado que criaba, de las historias y leyendas de su infancia distante. Nos dormíamos tarde, bien enrollados en nuestras mantas para defendernos del frío de la madrugada. Pero la imagen que no me abandona en esta hora de melancolía es la del viejo que avanza bajo la lluvia, obstinado, silencioso, como quien cumple un destino que no se podrá modificar. A no ser la muerte. Este viejo, que casi toco con la mano, no sabe cómo va a morir. Todavía no sabe que pocos días antes de su último día tendrá el presentimiento de que ha llegado su fin, e irá de árbol en árbol de su huerto, abrazando los troncos, despidiéndose de ellos, de las sombras amigas, de los frutos que no volverá a comer. Porque habrá llegado la sombra, mientras la memoria no lo resucite en el camino inundado o bajo el cielo cóncavo y la eterna interrogación de los astros. ¿Qué palabra dirá entonces?

jueves, 8 de noviembre de 2007

Ayer...


Llegó entre sueños a desatar mi dolor, nos hablamos sin palabras, nuestros gestos rompieron el silencio con perdones y violencia, con ternura y temores, con pasión.
Por último se anunció la calma para dejarnos contemplar como si fuéramos extranjeros de lo nuestro, el nacimiento de lo que no se llama, aunque existe, de lo que es, aunque a diario le demos muerte, y el miedo solo permita dedicarle, palabras mudas, sonidos de sentimientos que se ahogan antes de atravesar nuestras fauces. Aunque insista y no me rinda, lo que nace a contramarcha de lo que él eligió, es mejor que siga muriendo si no reina la certeza, si no puede volver a llamarse por su nombre verdadero, crearse, ni recrearse mejor que en aquel entonces.
Se le hizo tarde tenía que producir, pero antes tuvo tiempo de desanudar mi angustia y prestarme una esperanza para que siga recorriendo el mundo y crea que hay colores.Y me quedé en silencio, que huele a él, lo disfruto; quedo pensando en el encuentro, qué sentido tiene? y me siento mentirosa, falso camino de mi mente ociosa, y me doy vuelta y no pienso.
Hoy desperté, y entre mis rutinas , estas letras vinieron a mis manos:"Mucho se ha hablado de las coincidencias de las que la vida está hecha, tejida y compuesta, pero casi nada de los encuentros que, día a día, van aconteciendo en ella, y eso a pesar de que son estos encuentros, casi siempre, lo que orientan y determinan la misma vida, aunque en defensa de aquella concepción parcial de las contingencias vitales sea posible argumentar que un encuentro es, en su más riguroso sentido, una coincidencia, lo que no significa, claro está, que todas las coincidencias tengan que ser encuentros."
" El Evangelio según Jesucristo", José Saramago.
Y me siento como Túpac Amaru traccionada entre conciencia y deseo y me jodo, como me dijeron, al fin y al cabo es lo más cómodo, práctico y fácil de hacer, en lugar de resistir e insistir, tal vez sería conveniente que usara mi libertad y me mude al cementerio para pasar desapercibida.

viernes, 19 de octubre de 2007

Mañana será otro día


Cualquier parecido con la realidad no es mera casualidad ....
Tú te levantas temprano y te dices que hoy sí, como si ese sentimiento de estar convencido a medias te bastara, tú te dices que hoy sí y te diriges a la cocina y piensas que primero te vas a tomar un café; mientras te lo preparas vuelves a repetirte que hoy, sí. Apuras el café y ahora repentinamente asumes que vale la pena comprar el periódico, sales de tu casa, contemplas la calle y la gente, esta imagen de la mañana que en absoluto te es extraña, la misma gente, la misma calle y te das cuenta de que ya son las ocho de la mañana y aprecias que ya has empezado a perder el tiempo. Te apresuras a devolverte a tu casa, giras la llave y te enfrentas al primer dilema con el periódico aquí repleto de noticias, y el libro allá y las revistas que no has leído más allá y la máquina de escribir en un rincón del escritorio, cubierta por el periódico de ayer que tampoco alcanzaste a leer. Casi te decides por el periódico a no ser por la guitarra que yace recostada de la pared y que tomas para repetir durante quizás demasiado tiempo los acordes que, al cabo de un rato, terminan por enervarte. Una abulia rabiosa te separa del instrumento que ahora queda recostado del sillón. Son ya casi las diez y has comenzado a sentir ese escozor que te embarga cada vez que piensas en que ya son casi las diez y no has podido hacer nada y entonces, en un esfuerzo que tú mismo reconoces como meritorio, tomas la máquina de escribir y colocas una hoja en blanco y escribes dos o tres palabras y no más y por fin te levantas a tomarte un vaso de agua. Regresas y te resistes a coger la guitarra boquiabierta que te espera en el sillón y por fin te sientas en la butaca y tomas la guitarra por el cuello y tarareas una canción. Vuelves sobre la máquina, lees lo escrito y sientes como un peso sobre la nuca que te cansa. Son las once y no has podido remontar esas tres palabras sobre la hoja que ahora yace en la papelera y sientes hambre y te da por prepararte el almuerzo y —rato después, mientras comes— piensas que comer s la única manera de no perder el tiempo porque es una pérdida de tiempo inevitable.
Reposas después del almuerzo porque cualquiera se evitaría una embolia cerebral aún a costa de perder el tiempo. Te quedas dormido.
A las dos de la tarde te despierta el teléfono y es Luis que te invita o te propone y mientras piensas que no debes, que todo va a terminar en nada, en cualquier conversación de café o en una travesía sudorosa por el centro de la ciudad, vas asintiendo a las propuestas de Luis y terminas por decirle que realmente no, que no tienes nada que hacer esta tarde, que si quiere te puede pasar buscando a las tres. Y a las tres de la tarde, ya en el auto de Luis, sientes la necesidad de leer aunque sea el periódico que aprietas bajo tu brazo, pero Luis se obstina en preguntarte y en comentarte y el periódico queda tendido en el asiento trasero cuando te bajas a perder el tiempo en su casa. Desde las seis de la tarde la noche comienza a escaparse de tus manos y enseguida te asalta la urgencia de ponerte a trabajar apenas llegues a tu casa, pero llegas pasadas las siete y cuarenta y cinco y todavía te demoras casi quince minutos despidiendo a Luis y su ansiedad en la puerta de tu casa. Bajo la luz de la mesa de noche, has comenzado a leer la novela pendiente y ya te está venciendo el sueño, pero sigues empeñado en abrir los ojos y ver las letras que bailan sobre el fondo amarillento. Pero el sueño por fin te vence y decides cerrar el libro pensando que mañana sí, como si estar convencido a medias te bastara y ya a punto de dormirte a vuelves a repetirte que mañana, sí."


De Frank Baiz Quevedo
http://frankbaiz.blogspot.com/

Yo procastino,

tu procastinas?,

el procastina,

nosotros procastinamos..

bye voy a seguir ..

pro

cas

tiiiiiii.....

jueves, 11 de octubre de 2007

Espeluznante!!

" SYBIL: Cinco años no es mucho tiempo.
ELYOT: Si que lo es.
SIBYL: Piensas que la podrías volver a querer?
ELYOT: No digas tonterías Sibyl.
SIBYL: Pero podrías?
ELYOT: Claro que no, yo te amo a ti.
SIBYL: Si, pero tu me amas de una manera diferente; lo sé.
ELYOT: De una forma más sensata puede ser.
SIBYL: Me alegro. Prefiero esta forma de amor.
ELYOT: Tienes razón. No sirve de nada querer si no es sensatamente y con generosidad, sin dramatismos. Algo estable y dulce, que nos calme los nervios cuando lleguemos cansados. Algo extraordinariamente placentero. Y sin tempestades por escenas de celos, eso es lo que quiero. Oh, estimada, espero que no sea aburrido para ti.
SIBYL: Amor mío, como si tú pudieras ser aburrido.
ELYOT: Soy mucho mas mayor que tú.
SYBIL: No mucho más.
ELYOT: Siete años.
SYBIL: La música se ha parado y ahora puede oírse el mar.
ELYOT: Mañana al amanecer nos bañaremos. "

Noel Coward, fragmento de "Vidas privadas",1930.

mmmmm que bostezo!
Bañense tranquilos uds. nomas!.
Añoro el mar, aunque esté embravecido, lo extraño
prefiero hundirme en amores tempestuosos,
conocer....
los vainenes del oleaje,
la profundidad de sus aguas,
y después si, tal vez detenerme,
en alguna orilla tranquila,
más tranquila aún porque conoció
la tempestad y la zozobra.

lunes, 8 de octubre de 2007

Para Ernesto.

....vaya este homenaje de maestros.

París, 29 de octubre de 1967

Roberto, Adelaida, mis muy queridos:
Anoche volví a París desde Argel. Solo ahora, en mi casa, soy capaz de escribirles coherentemente; allá, metido en un mundo donde sólo contaba el trabajo, dejé irse los días como en una pesadilla, comprando periódico tras periódico, sin querer convencerme, mirando esas fotos que todos hemos mirado, leyendo los mismos cables y entrando hora a hora en la más dura de las aceptaciones. Entonces me llegó telefónicamente tu mensaje, Roberto, y entregué ese texto que debiste recibir y que vuelvo a enviarte aquí por si hay tiempo de que lo veas otra vez antes de que se imprima, pues sé lo que son los mecanismos del télex y lo que pasa con las palabras y las frases. Quiero decirte esto: no sé escribir cuando algo me duele tanto, no soy, no seré nunca el escritor profesional listo a producir lo que se espera de él, lo que le piden o lo que él mismo se pide desesperadamente. La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto, me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la sustitución de lo insustituible. El Che ha muerto y a mí no me queda más que silencio, hasta quién sabe cuándo; si te envié este texto fue porque eras tú quien me lo pedía, y porque sé cuánto querías al Che y lo que él significaba para ti. Aquí en París encontré un cable de Lisandro Otero pidiéndome ciento cincuenta palabras para Cuba. Así, ciento cincuenta palabras, como sin uno pudiera sacarse las palabras del bolsillo como monedas. No creo que pueda escribirlas, estoy vacío y seco, y caería en la retórica. Y eso no, sobre todo eso no. Lisandro me perdonará mi silencio, o lo entenderá mal, no me importa; en todo caso tu sabrás lo que siento. Mira, allá en Argel, rodeado de imbéciles burócratas, en una oficina donde se seguía con la rutina de siempre, me encerré una y otra vez en el baño para llorar; había que estar en un baño, comprendes, para estar solo, para poder desahogarse sin violar las sacrosantas reglas del buen vivir en una organización internacional. Y todo esto que te cuento también me averguenza porque hablo de mí, la eterna primera persona del singular, y en cambio me siento incapaz de decir nada de él. Me callo entonces. Recibiste, espero, el cable que te envié antes de tu mensaje. Era mi única manera de abrazarte, a ti y a Adelaida, a todos los amigos de la Casa. Y para ti también es esto, lo único que fui capaz de hacer en esas primeras horas, esto que nació como un poema y que quiero que tengas y que guardes para que estemos más juntos.

Che

Yo tuve un hermano.

No nos vimos nunca
pero no importaba.



Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

Ya nos escribiremos.

Abraza mucho a Adelaida. Hasta siempre,
Julio

Tomado de "Fervor de la Argentina" de Roberto Fernández Retamar.



Breve meditación sobre un retrato de Che Guevara.



No importa que retrato. Uno cualquiera: serio, sonriendo, arma en mano, con Fidel o sin Fidel, diciendo un discurso en las Naciones Unidas, o muerto, con el torso desnudo y ojos entreabiertos, como si del otro lado de la vida todavía quisiera acompañar el rastro del mundo que tuvo que dejar, como si no se resignase a ignorar para siempre los caminos de las infinitas criaturas que estaban por nacer. Sobre cada una de estas imágenes se podría reflexionar profusamente, de un modo lírico o de un modo dramático, con la objetividad prosaica del historiador o simplemente como quien se dispone a hablar del amigo que descubre haber perdido porque no lo llegó a conocer...Al Portugal infeliz y amordazado de Salazar y de Caetano llegó un día el retrato clandestino de Ernesto Che Guevara, el más célebre de todos, aquel hecho con manchas fuertes de negro y rojo, que se convirtió en la imagen universal de los sueños revolucionarios del mundo, promesa de victorias a tal punto fértiles que nunca habrían de degenerar en rutinas ni en escepticismos, antes darían lugar a otros muchos triunfos, el del bien sobre el mal, el de lo justo sobre lo inicuo, el de la libertad sobre la necesidad. Enmarcado o fijo a la pared por medios precarios, ese retrato estuvo presente en debates políticos apasionados en la tierra portuguesa, exaltó argumentos, atenuó desánimos, arrulló esperanzas. Fue visto como un Cristo que hubiese descendido de la cruz para descrucificar a la humanidad, como un ser dotado de poderes absolutos que fuera capaz de extraer de una piedra con que se mataría toda la sed, y de transformar esa misma agua en el vino con que se bebería el esplendor de la vida. Y todo esto era cierto porque el retrato de Che Guevara fue, a los ojos de millones de personas, el retrato de la dignidad suprema del ser humano.Pero fue también usado como adorno incongruente en muchas casas de la pequeña y de la media burguesía intelectual portuguesa, para cuyos integrantes las ideologías políticas de afirmación socialista no pasaban de un mero capricho coyuntural, forma supuestamente arriesgada de ocupar ocios mentales, frivolidad mundana que no pudo resistir al primer choque de la realidad, cuando los hechos vinieron a exigir el cumplimiento de las palabras. Entonces, el retrato del Che Guevara, testimonio, primero, de tantos inflamados anuncios de compromiso y de acción futura, juez, ahora, del miedo encubierto, de la renuncia cobarde o de la traición abierta, fue retirado de las paredes, escondido, en la mejor hipótesis, en el fondo de un armario, o radicalmente destruido, como se quisiera hacer con algo que hubiese sido motivo de vergüenza.Una de las lecciones políticas más instructivas, en los tiempos de hoy, seria saber lo que piensan de sí mismos esos millares y millares de hombres y mujeres que en todo el mundo tuvieron algún día el retrato de Che Guevara a la cabecera de la cama, o enfrente de la mesa de trabajo, o en la sala donde recibían a los amigos, y que ahora sonríen por haber creído o fingido creer. Algunos dirían que la vida cambió, que Che Guevara, al perder su guerra, nos hizo perder la nuestra, y por tanto era inútil echarse a llorar, como un niño a quien se le ha derramado la leche. Otros confesarían que se dejaron envolver por una moda del tiempo, la misma que hizo crecer barbas y alargar las melenas, como si la revolución fuera una cuestión de peluqueros. Los más honestos reconocerían que el corazón les duele, que sienten en el movimiento perpetuo de un remordimiento, como si su verdadera vida hubiese suspendido el curso y ahora les preguntase, obsesivamente, adonde piensan ir sin ideales ni esperanza, sin una idea de futuro que de algún sentido al presente.Che Guevara, si tal se puede decir, ya existía antes de haber nacido, Che Guevara, si tal se puede afirmar, continúa existiendo después de haber muerto. Porque Che Guevara es sólo el otro nombre de lo que hay de mas justo y digno en el espíritu humano. Lo que tantas veces vive adormecido dentro de nosotros. Lo que debemos despertar para conocer y conocemos, para agregar el paso humilde de cada uno al camino de todos.

José Saramago.
El latinoamericano, 9 de octubre del 2003.

lunes, 1 de octubre de 2007

El río

Y sí parece que es así, que te has ido diciendo no sé que cosa, que te ibas a tirar al Sena, algo por el estilo, una de esa frases de plena noche, mezcladas de sábana y boca pastosa, casi siempre en la oscuridad o con algo de mano o de pie rozando el cuerpo del que apenas escucha, porque hace tanto que apenas escucho cuando dices cosas así, eso viene del otro lado de mis ojos cerrados, del sueño que otra vez me tira hacia abajo. Entonces está bien, que me importa si te has ido, si te has ahogado o todavía andas por los muelles mirando el agua, y además no es cierto porque estás aquí dormida y respirando entrecortadamente, pero entonces no te has ido cuando te fuiste en algún momento de la noche antes de que yo me perdiera en el sueño, porque te habías ido diciendo alguna cosa, que te ibas a ahogar en el Sena, o sea que has tenido miedo, has renunciado y de golpe estás ahí casi tocándome, y te mueves ondulando como si algo trabajara suavemente en tu sueño, como si de verdad soñaras que has salido y que después de todo llegaste a los muelles y te tiraste al agua. Así una vez más, para dormir después con la cara empapada de un llanto estúpido, hasta la once de la mañana, la hora en que traen el diario con las noticias de los que se han ahogado de veras.


Me das risa, pobre. Tus determinaciones trágicas, esa manera de andar golpeando las puertas como una actriz de tournées de provincia, uno se pregunta si realmente crees en tus amenazas , tus chantajes repugnantes, tus inagotables escenas patéticas untadas de lágrimas y adjetivos y recuentos. Merecerías a alguien más dotado que yo para que te diera la réplica, entonces se vería alzarse la pareja perfecta, con el hedor exquisito del hombre y la mujer que se destrozan mirándose en los ojos para asegurarse el aplazamiento más precario, para sobrevivir todavía y volver a empezar y perseguir inagotablemente su verdad de terreno baldío y fondo de cacerola. Pero ya ves, escojo el silencio, enciendo un cigarrillo y te escucho hablar, te escucho quejarte( con razón, pero que puedo hacerle), o lo que es todavía mejor me voy quedando dormido, arrullado por tus imprecaciones previsibles, con los ojos entrecerrados mezclo todavía por un rato las primeras ráfagas de los sueños con tus gestos de camisón ridículo bajo la luz de la araña que nos regalaron cuando nos casamos, y creo que al final me duermo y me llevo, te lo confieso casi con amor, la parte más aprovechable de tus movimientos y tus denuncias, el sonido restallante que te deforma los labios lívidos de cólera. Para enriquecer mis propios sueños donde jamás a nadie se le ocurre ahogarse, puedes creerme.

Pero si es así me pregunto qué estás haciendo en esta cama que habías decidido abandonar por la otra más vasta y más huyente. Ahora resulta que duermes, que de cuando en cuando mueves una pierna que va cambiando el dibujo de la sábana, pareces enojada por alguna cosa, no demasiado enojada, como un cansancio amargo, tus labios esbozan una muestra de desprecio, dejan escapar el aire entrecortadamente, lo recogen a bocanadas breves, y creo que si no estuviera tan exasperado por tus falsas amenazas admitiría que eres otra vez hermosa, como si el sueño te devolviera un poco de mi lado donde el deseo es posible y hasta reconciliación o nuevo plazo, algo menos turbio que este amanecer donde empiezan a rodar los primeros carros y los gallos abominablemente desnudan su horrenda servidumbre. No sé, ya ni siquiera tiene sentido preguntar otra vez si en algún momento te habías ido, si eras tú la que golpeó la puerta al salir en el instante mismo en que yo resbalaba al olvido, y a lo mejor es por eso que prefiero tocarte, no porque dude de que estés ahí, probablemente en ningún momento te fuiste del cuarto, quizá un golpe de viento cerró la puerta, soñé que te habías ido mientras tú, creyéndome despierto, me gritabas tu amenaza desde los pies de la cama. No es por eso que te toco, en la penumbra verde del amanecer es casi dulce pasar la mano por ese hombro que se estremece y me rechaza. La sábana te cubre a medias, mis dedos empiezan a bajar por el terso dibujo de tu garganta, inclinándome respiro tu aliento que huele a noche y a jarabe, no sé cómo mis brazos te han enlazado, oigo una queja mientras arqueas la cintura negándote, pero los dos conocemos demasiado ese juego para creer en él, es preciso que me abandones la boca que jadea palabras sueltas, de nada sirve que tu cuerpo amodorrrado y vencido luche por evadirse, somos a tal punto una misma cosa en ese enredo de ovillo donde la lana blanca y la lana negra luchan como arañas en un bocal. De la sábana que apenas te cubría alcanzo a entrever la ráfaga instantánea que surca el aire para perderse en la sombra y ahora estamos desnudos, el amanecer nos envuelve y reconcilia en una sola materia temblorosa, pero te obstinas en luchan, encogiéndote, lanzando los brazos por sobre mi cabeza, abriendo como un relámpago los muslos para volver a cerrar sus tenazas monstruosas que quisieran separarme de mí mismo(y eso, lo sabes, lo he hecho siempre con una gracia ceremonial), sin hacerte daño voy doblando los juncos de tus brazos, me ciño a tu placer de manos crispadas, de ojos enormemente abiertos, ahora tu ritmo al fin se ahonda en movimientos lentos de muaré, de profundas burbujas ascendiendo hasta mi cara, vagamente acaricio tu pelo derramado en la almohada, en la penumbra verde miro con sorpresa mi mano que chorrea, y antes de resbalar a tu lado sé que acaban de sacarte del agua, demasiado tarde, naturalmente, y que yaces sobre las piedras del muelle rodeada de zapatos y de voces, desnuda boca arriba con tu pelo empapado y tus ojos abiertos.

Sin permiso de "Final de juego" de Julio Cortázar.

domingo, 30 de septiembre de 2007

Uno más en mis garras.

Obsequio de cumpleaños llegó a casa, Marguerite!
Da para cortarse las venas con lo que uno encuentre más mano o sea un libro de esos que me encantan, letras bellas pero dolorosas que sangran, golpean, que buscan un espacio donde el amor se haga tangible, no voy a transcribir ni un pedacito porque hay que hacer el viaje entero, si se atreven......
En un post anterior había dicho que no iba a comentar nada pero soy mujer y me gusta contradecirme.

martes, 21 de agosto de 2007

Libreta de apuntes

"La historia argentina está llena de arquetipos maravillosos, en que el espíritu de la tierra se encarna sucesivamente.
Hay uno el más grande, en que la índole argentina es más neta. Fue débil para consigo mismo -era opiómano-, pero en la tutela del espíritu de su tierra hizo proezas casi sin parangón en la historia universal. Era humano para juzgar y benigno con los demás hombres. Nunca tuvo ambición personal. Era sencillo y casi humilde. Renució a la gloria en plena gloria. Fue glorioso sin proponérselo, resignadamente porque el espíritu de la tierra se lo exigía. Se llamaba Don José de San Martín. De una vez por todas, dio una orden que debemos acatar por siempre:
SERÁS LO QUE DEBAS SER O NO SERÁS NADA".
De "El hombre que está solo y espera", Raúl Scalabrini Ortiz ,1931.




jueves, 26 de julio de 2007

Animula vagula blandula

La verdad la verdad es que muy lectora no soy, creo que salvo Los miserables de Victor Hugo , me parece que adeudo la lectura de un millón novecientos cuarenta y cuatro clásicos, sin embargo por fortuna a veces en forma azarosa como cuando voy sin rumbo por la Corrientes Avenue, por Avenida de Mayo, por el Parque Rivadavia, etc ; otras veces acercado por algún amor, por las amistades, la la lá, la la lá, hube encontrado la cura para mis locuras, aunque sea por un rato, encontré mis pastillas con forma de letras, la terapia que no me dice como el psiquiatra o el psicoanalista que tipo de trastorno tengo, que si estoy con exceso de neurosis, si soy psicótica, maníaca, obsesiva, bla bla bla; ellas están ahí y se ofrecen para curarme, para que las recorra, las aprehenda y mi alma las goce.
Suponiendo quie algún incauto pasa por aquí y decidiera leer, les cuento que la tentación de comentarles porque elegí cada texto es grande, pero perdería la delicia del descubrimiento o tal vez la desazón o la ira que ellas les pudieran provocar, mejor solo las dejo por si las quieren tomar

."Animula vagula blandula,

Hospes comesques corporis,

Quae nunc abibis in loca

Pallidula, rigida, nudula,

Nec, ut solis, dabis iocos "

Publius Aelius Hadrianus (76-138)


Dicen los que saben lenguas antiguas que Adriano dijo....

"Alma, vagabunda y cariñosa,

huésped y compañera del cuerpo,

¿dónde vivirás?

En lugares lívidos, severos y desnudos

y jamás volverás a animarme como antes".

"Los cínicos y los moralistas están de acuerdo en incluir las voluptuosidades del amor entre los goces llamados groseros, entre el placer de beber y el de comer, y a la vez, puesto que están seguros de que podemos pasarnos sin ellas, las declaran menos indispensables que aquellos goces. De un moralista espero cualquier cosa, pero me asombra que un cínico puede engañarse así . Pongamos que unos y otros temen a sus demonios, ya sea porque luchan contra ellos o se abandonan, y que tratan de rebajar su placer buscando privarlo de su fuerza casi terrible ante la cual sucumben, y de su extraño misterio en el que se pierden. Creeré en esa asimilación del amor a los goces puramente físicos (suponiendo que existan como tales) el día que haya visto a un gastrónomo llorar de deleite, como un amante sobre un hombro juvenil. De todos nuestros juegos, es el único que amenaza trastornar el alma, y el único donde el jugador se abandona por fuerza al delirio del cuerpo. No es indispensable que el bebedor abdique de su razón , pero el amante que conserva la suya no obedece del todo a su dios. La abstinencia o el exceso comprometen al hombre solo; pero salvo en el caso de Diógenes, cuyas limitaciones y cuya razonable aceptación de lo peor se advierten por sí mismas, todo moviemiento sensual nos pone en presencia del Otro, nos implica en las exigencias y las servidumbres de la elección. No se de nada donde el hombre se resuelva por razones más simples y más ineluctables, donde el objeto elegido sea pesado con más exactitud en su peso bruto de delicias, donde el buscador de verdades tenga mayor probabilidad de juzgar la criatura desnuda. Partiendo de un despojamiento que iguala el de la muerte, de una humildad que excede la de la derrota y la plegaria, me maravillo de ver restablecerse cada vez la complejidad de las negativas, las responsabilidades, los dones, las tristes confesiones, las ágiles mentiras, los apasionados compromisos entre mis placeres y los del Otro , tantos vínculos irrompibles y que sin embargo se desatan tan pronto. El juego misterioso que va del amor a un cuerpo al amor de una persona me ha parecido lo suficientemente bello como para consagrarle parte de mi vida. Las palabras engañan , puesto que la palabra placer abarca realidades contradictorias, comporta a la vez nociones de tibieza, dulzura intimidad de los cuerpos, y las de violencia, agonía y grito. La obscena frasecita de Posidonio sobre el frote de dos parcelas de carne no define el fenómeno del amor, así como la cuerda rozada por el dedo no explica el milagro infinito de los sonidos. Esta frase no insulta a la voluptuosidad sino a la carne misma, ese instrumento de músculos, sangre y epidermis, esa nube roja cuyo relámpago es el alma.
Reconozco que la razón se confunde frente al prodigio del amor, frente a esa extraña obsesión por la cual la carne que tan poco nos preocupa cuando compone nuestro propio cuerpo, y que sólo nos mueve a lavarla, a alimentarla y, llegado el caso, a evitar que sufra, puede llegar a inspirarnos un deseo tan apasionado de caricias , simplemente porque está animada por una individualidad diferente de la nuestra y porque presenta ciertos lineamientos de belleza sobre los cuales, por lo demás, los mejores jueces no se han puesto de acuerdo. Aquí la lógica humana se queda corta, como en las revelaciones de los Misterios. Y no se ha engañado a la tradición popular que siempre vio en el amor una forma de iniciación, uno de los puntos de contacto de lo secreto y lo sagrado. La experiencia sensual se asemeja además a los Misterios en que la primera aproximación produce en el no iniciado el efecto de un rito más o menos aterrador, escandalosamente alejado de las funciones familiares del sueño, del beber y del comer, objeto de bromas de vergüenza o de terror. Al igual que la panza de las ménades o el delirio de los coribantes, nuestro amor nos arrastra a un universo diferente, donde en otros momentos nos está vedado penetrar, y donde cesamos de orientarnos tan pronto el ardor se apaga o el goce se disuelve. Clavado en el cuerpo querido como un crucificado a su cruz, he aprendido algunos secretos de la vida que se embotan ya en mi recuerdo, sometidos a la misma ley que quiere que el convaleciente, una vez curado, cese de reconocerse en las misteriosas verdades de su mal, que el prisionero liberado olvide la tortura, o el vencedor ya sobrio la gloria.
He soñado a veces con elaborar un sistema de conocimiento humano basado en lo erótico, una teoría del contacto en la cual el misterio y la dignidad del prójimo consistirían precisamente en ofrecer al Yo el punto de apoyo de ese otro mundo. En una filosofía semejante, la voluptuosidad sería una forma más completa pero también más especializada, de este acercamiento al Otro, una técnica al servicio del conocimiento de aquello que no es uno mismo.Aun en los encuentros menos sensuales, la emoción nace o se alcanza por el contacto: la mano un tanto repugnante de esa vieja que me presenta un petitorio, la frente húmeda de mi padre agonizante, la llaga de un herido que curamos. Las relaciones más intelectuales o más neutras se operan asimismo a través de este sistema de señales del cuerpo: la mirada súbitamente comprensiva del tribuno al cual explicamos una maniobra antes de la batalla, el saludo impersonal de un subalterno a quien nuestro paso fija en una actitud de obediencia, la ojeada amistosa del esclavo cuando le doy las gracias por traerme una bandeja, o el mohín apreciativo de un viejo amigo frente al camafeo griego que le ofrecemos.
En el caso de la mayoría de los seres, los contactos más ligeros y superficiales bastan para contentar nuestro deseo, y aun para hartarlo. Si insisten, multiplicándose en torno de una criatura única hasta envolverla por entero; si cada parcela de un cuerpo se llena para nosotros de tantas significaciones trastornadoras como los rasgos de un rostro; si un solo ser, en vez de inspirarnos irritación , placer o hastío, nos hostiga como una música y nos atormenta como un problema ; si pasa de la periferia de nustro universo hacia nuestro centro, llegando a sernos más indispensable que nuestro propio ser, entonces tiene lugar el asombroso prodigio en el que veo, más que un simple juego de la carne por el espíritu.
Estos criterios sobre el amor podrían inducir a una carrera de seductor. Si no la seguí, se debe sin duda a que preferí hacer, si no algo mejor, por lo menos otra cosa. A falta de genio, esa carrera exige atenciones y aun estratagemas para las cuales no me sentía destinado. Me fatigaban esas trampas armadas, siempre las mismas, esa rutina reducida a perpetuos acercamientos y limitada por la conquista misma. La técnica del gran seductor exige, en el paso de un objeto amado a otro , cierta facilidad y cierta indiferencia que no poseo; de todas maneras, ellos me abandonaron más de lo que yo los abandoné; jamás he podido comprender que uno pueda saciarse de un ser. El deseo de detallar exactamente las riquezas que nos aporta cada nuevo amor, de verlo cambiar, envejecer quizá, no se concilia con la multiplicidad de las conquistas."
Pastilla robada de : "Memorias de Adriano" de Marguerite Youcernar con traducción de Julio Cortázar.
 
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